A MIS ALUMNOS
Hay días en los que me pongo a reflexionar si en verdad la única que “enseña” en clases soy yo y me sorprende cuando hago un recuento de las cosas que he aprendido de mis alumnos, en las aulas que suelen ser los pasillos del plantel. Ellos por supuesto, no me creen. Por eso aquí enlisté solo unos cuantos ejemplos de lo que he aprendido de mis estudiantes:
Me han enseñado…
-que la juventud no es cuestión de edad sino de actitud, pues es en realidad un estado de ánimo.
-que no importa la magnitud de mis problemas, siempre puedo afrontarlos con una sonrisa.
-que no lo sé todo. De hecho, nadie lo sabe todo.
-que puedo hacer chistes hasta con, y de, mi depresión.
-que también los libros se pueden equivocar.
-que la patineta no es moda, sino toda una ciencia: un estudiante de física me explicó (y demostró) varias ecuaciones con su tabla.
-que si un laberinto no tiene una salida, bien puedo construirle una.
-que tengo –mucho- sentido del humor.
-que se pueden clonar plantas sin necesidad de un súper laboratorio y técnicas sutiles.
-que el Heavy Metal es mucho más que “sólo ruido”.
En fin, creo que debo de agradecer que si no existieran los estudiantes, yo nunca hubiera sabido lo agradable que puede resultar la enseñanza y, lo más seguro, es que ahora estuviera recluida en una vieja y oscura casona, entre libros enmohecidos y con un cuervo en el hombro escribiendo cuentos oscuros y terroríficos en mi soledad… nada motivante ¿verdad?
Escrito hace 15 años, con motivo del Día del Estudiante.
Gladys Neri Colin.
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