lunes, 30 de mayo de 2011

Mi confrontación con la docencia


MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA

Habitualmente uno “se avienta” a hacer algo sin casi pensar en lo que va a ser, si uno es optimista piensa que todo ira a las mil maravillas porque “aprendemos fácil” y bueno, todo es siempre para mejorar; si uno es pesimista, sólo piensa en que pueden haber cosas peores pero espera que no le pasen. El hacer este ejercicio de “reconocimiento” de la forma en que venimos realizando nuestra labor docente puede resultar siempre ser muy valioso, de tal suerte que nos permite localizar de manera puntual nuestras posibles fallas y así bosquejar nuevas maneras de llevar a buen puerto y de la mejor manera nuestra labor, además de irla mejorando con la ayuda de nuestros alumnos, por supuesto.
Cuando uno escoge una carrera universitaria tiene ciertas expectativas que no siempre se van a cumplir. Pero en mi caso, desde la secundaria me sentí atraída por la Biología, aunque también por la Astronomía. Al ser mis padres profesores de primaria (y eventualmente casi toda mi familia terminó en el magisterio) ya sentía también la vocación de la enseñanza, todo el tiempo jugaba a “enseñar”, a mis hermanos menores, amigos, mascotas y hasta mis muñecos, vamos, en casa teníamos pizarrón y pupitres, tan así era la entrega de mis padres a su labor que obviamente era natural para mi. En la preparatoria ya me había decidido por la Biología, viendo el éxito que fue para mí su estudio en la secundaria: me veía haciendo básicamente trabajo de campo, eso era lo que yo quería hacer, influenciada en gran parte por los documentales que suele ver uno en televisión. Sin embargo, ya cuando ingresé a la Universidad, había delimitado mis tres opciones para ejercer la Biología: deseaba ser “bióloga de campo” en primer lugar, “bióloga de pizarrón” en segundo y “bióloga de laboratorio” como tercera opción.
La primera la satisfice con las prácticas de campo, que si bien fueron pocas, para mi fueron experiencias invaluables. Al vivir en una ciudad (y en un país donde la investigación en campo no es considerada como prioritaria), no hubo forma de dedicarme a eso. La manera en que se manejan los proyectos en el país no garantiza que se va a tener trabajo constante, además de que es necesario tener una buena conexión con las personas que dirigen dichos proyectos.
Mi servicio social y proyecto de tesis “accidental” (porque simplemente se dio la oportunidad de hacerla) fue en el área de Ciencias de la Salud, en el Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán, en esa época catalogado como “el mejor instituto de investigación de América Latina” (para mi esto fue un privilegio que me enorgullece, pues como han de suponer, sólo aceptaban alumnos con “promedio de excelencia” y yo ni por casualidad tenía algo así), sin tener en mente quedarme estuve a prueba dos semanas y terminé haciendo un servicio social de dos años, el tiempo pasa rapidísimo cuando uno está a gusto en algún lugar. Bien, ahí cumplí el propósito de ser “bióloga de laboratorio”, la investigación es realmente fascinante, máxime cuando es experimental. Mantiene la mente siempre ocupada, todos los días se aprende algo nuevo y me hubiera quedado ahí de no ser porque cambian los directivos y surgen todo tipo de intrigas entre el personal y los sub alternos para ocupar las “sillas grandes”. Nunca me han gustado los juegos de la política; no cuando se juega sucio, así que, aun cuando tenía ya una tesis para escribir, decidí salir de ahí. Además porque de nuevo se presentó la oportunidad de ser “bióloga de campo” con un buen proyecto que yo quería hacer para mi tesis. Este país es increíble en cuanto al manejo de muchas cosas, entre ellas la investigación, con un proyecto interesante del cuál no se había hecho mucho en México no hubo institución alguna que quisiera “prestarme” los monos que necesitaba para mi trabajo (pero, curiosamente, todos querían una copia del proyecto), así que de pronto, me dicen que había oportunidad de trabajar en el Colegio de Bachilleres, de laboratorista y la tomé. Ya ahí, el mismo semestre surgió la oportunidad de ser profesora… y así empezó mi carrera en el maravilloso mundo de la docencia. ¡Hace ya 20 años! Aún siento que fue ayer de tan maravilloso que resultó mi encuentro con los jóvenes. Por supuesto que hubo temores, el principal, como a todos en el grupo nos pasó, era el de que si sería una buena maestra, si sería capaz de motivar a mis alumnos, de dejarles algo valioso para toda la vida, si me recordarían con cariño, pero principalmente si haría algo valioso por ellos para que continuaran sus estudios. Para mi fortuna, el ser estudiante a la par que profesora me fue de mucha utilidad, pues, por un lado, sabía por qué mis alumnos en ciertas ocasiones estaban apáticos o aburridos y cambiaba la jugada, con su ayuda por supuesto y, por el otro, ya no me portaba tan fastidiosa en clase o buscaba la manera de no aburrirme y seguir “conectada”. Es curioso, actualmente con la especialidad estoy reviviendo parte de eso, aunque no estoy en clases presenciales, evoco esa época por las prisas con las que ando para hacer mis trabajos y porque soy bastante “especial” para leer ¡odio que me interrumpan! Supongo que soy de esas personas un tanto obsesivas-compulsivas cuando de leer se trata, pues para mi, la lectura no es sólo una tarea que hacer, intento que sea siempre un placer, más que eso, es para mi vital.
Nunca antes me había cuestionado hasta hacer este ejercicio de reflexión, de si estoy haciendo bien las cosas, de si la percepción que tengo de mi labor es objetiva, porque ciertamente uno puede creer que es el mejor maestro y que todo lo puede pero en realidad sólo los estudiantes pueden decirlo. No sabiendo cómo abordar esto y siempre consciente de que para todo puede uno solicitar ayuda, me tomé el atrevimiento de preguntarles a algunos de mis alumnos, de manera muy casual, de cómo me perciben, de cuáles cosas cambiarían de mi forma de dar clases; bueno, creo que les caigo bien. Por cierto, me enteré de algo curioso: soy una persona que hablo mucho, y muy rápido. Siempre he intentado controlar este hecho, porque cuando doy clases suelo salirme del tema. También he acostumbrado a mis alumnos a interrumpirme para preguntar alguna cosa que no hayan entendido, bien, ellos han usado mi “debilidad” para su beneficio: cuando les toca después de mi clase con algún profesor que no les es grato, ellos preguntan y preguntan, me extiendo y le robo tiempo al otro profesor. Debo cuidar ese aspecto o tendré problemas con los compañeros. También hice otro ejercicio, preguntarles a otros compañeros sobre mi labor, no me fue tan mal, hay que reconocerlo (aunque ellos se basan en lo que les dicen los alumnos también), sin embargo, dicen que les agrada que siempre pueden contar conmigo para que los apoye. No es que ellos me usen para “sacar” su trabajo, lo que sucede es que yo tengo, aparte de mis grupos, una plaza administrativa y estoy mucho tiempo en una oficina. Ellos tienen muchos grupos (que actualmente tienen un número de alumnos extraordinario) y muchas veces no se dan abasto, especialmente con aquéllos estudiantes que por alguna razón se atrasan y me los mandan para que los ayude a recuperarse, en vista de que también me dedico a preparar alumnos para sus exámenes extraordinarios, digamos, que me estoy especializando en enseñar bajo presión. Pero claro, no hay como dar las clases relajadamente, tomándose el tiempo necesario para que los alumnos reflexionen, participen, discutan y, por qué no, llevarlos más allá de lo que marca el programa (algunos me suelen visitar fuera de clase, en mi oficina, solo para platicar). Como comentaba, no me fue tan mal, sin embargo, cuando veo todo lo que otros compañeros hacen para preparar y organizar una simple clase de dos horas, todo el trabajo que conlleva elaborar un plan de clase, el tiempo que se toman para organizarse de acuerdo a una orden del día, no dejo de cuestionarme si estoy haciendo bien las cosas, pues me doy cuenta que me falta mucha preparación pedagógica y organizativa. Me considero una profesora “natural” y sólo conozco lo que muchos llaman “actitudes antipedagógicas” que intento evitar. Hago lo posible por mantener a mis alumnos interesados en la clase, de no aburrirlos, de variarles los ejercicios. Tan es así que echo mano de las cosas que les gustan, como películas “comerciales” y cómics y busco la manera de que sean una suerte de apoyo lúdico y de relacionarlas con los objetivos del curso. Otra cosa relevante que he observado, es que los alumnos se interesan por lo que uno hace fuera de clase, como son los cursos que tomo. Les platico que estoy en tal o cual curso o taller, que la finalidad es tal y que me va a servir para trabajar con ellos por X razón y a ellos les gusta que les comparta esas cosas. Quizá, como dice Esteve, lo toman como una forma de participación, y así sienten que son importantes y considero que su opinión es también relevante para mi formación. Particularmente, muchos me han preguntado de qué trata esta especialidad y para qué la estoy tomando. Eso me da nuevos ánimos para seguir, pues ahora no puedo defraudarlos.
Como muchos de mis compañeros de la especialidad, también me quedó muy bien grabado lo que dice Esteve en su documento, que ser profesor es una labor de ensayo y error: si uno yerra, la propia experiencia nos ayuda a levantarnos, enmendar el error y seguir adelante, si uno acierta, el premio es maravilloso, nos sentimos muy bien por haber servido a nuestros estudiantes. El sentimiento de “ser útil” de alguna manera se paga por sí solo. Y esto nos da pie para seguir superándonos, actualizándonos y aprendiendo a la par de nuestros estudiantes.
Como pueden ver, particularmente nunca estuve en realidad “entre la docencia y mi profesión”. Siempre tuve expectativas de que la docencia iba a ser algo importante en mi vida y se han cumplido. Los fracasos realmente se minimizan al compararlos con las satisfacciones de esta maravillosa labor. Que si aún me gustaría ser “bióloga de campo o de laboratorio”. Por supuesto que sí, esas cosas, cuando se prueban no se pueden desdeñar tan fácilmente, pero no me frustra el hecho de no poder realizarlas más, porque sé que estoy haciendo igualmente algo que quería hacer y, hasta ahora, no lo he hecho tan mal. Por otro lado, es una labor que cada día da para más, porque siempre hay manera de estimular la creatividad, es un juego fabuloso para el intelecto y me da la oportunidad de conocer infinidad de personas e ideas. Así que, sin temor a equivocarme puedo decir que, por lo pronto, seguiré muy a gusto frente al pizarrón, ya blanco en estos tiempos y próximamente, como profesora “virtual”. Por cierto, yo deseo seguir dando clases “presenciales”, no es que me oponga al “futuro”, simplemente sucede que soy un primate social y aprecio sobremanera el contacto humano, que es vital para mi.
Finalmente, quiero dejar muy presente que estas actividades fueron invaluables para mi quehacer docente. Me permitieron visualizarme desde otra perspectiva. Me dejaron maravillada de lo que tenemos en común todos los compañeros profesores de la especialidad, que son más cosas y más valiosas que nuestras diferencias, pero que nos hace mucha falta compartir nuestras vivencias docentes y experiencias. Quizá sería de suma utilidad que, al igual que nuestros alumnos, en cada plantel donde laboramos, formemos grupos para compartir, para apoyarnos y para conocernos mejor, siempre en beneficio de nuestros jóvenes estudiantes y para ensayar in situ nuestras propias competencias, como docentes y como personas.
Deseo terminar dejándoles un párrafo escrito por Desmond Morris, Biólogo (etólogo) muy esmerado en estudiar la conducta humana desde su posición “animal”, en el que hace referencia a la educación en las escuelas y los profesores: “El maestro utiliza su mayor experiencia para vencer la mayor inventiva de sus alumnos. Su cerebro se ha vuelto, probablemente, más anquilosado y rígido que el de ellos, pero enmascara esta debilidad impartiendo grandes cantidades de hechos “indiscutibles”. No hay argumentación, sólo instrucción…”. Así pues, dejemos los hechos indiscutibles para los dogmas religiosos y fomentemos la argumentación y la creatividad o inventiva para formar personas en el libre ejercicio de la razón.


Gladys Margot Neri Colin.
Colegio de Bachilleres.
Plantel No. 15 “Contreras”.
Verano de 2011.

2 comentarios:

POR UN MÉXICO MEJOR dijo...

Hola Gladys, se nota en tu Blog que te interesa la astronomía.

Solamente aparece el tema "Mi confrontación con la docencia", así que te falta subir la otra parte.

Se nota también tu dominio sobre el Blog.

Saludos cordiales.

Ianna dijo...

Sí, Humberto, aún no subo ese texto aquí. Los subí ambos en My Space, pero ves que no deja poner comentarios, aún estoy viendo la manera de abrir las licencias. Pero ya subo el otor texto, aunque supongo que ya nadie vendrá por aquí a leer, en fin.
Y también es cierto que me gusta la astronomía, cuando era niña deseaba o ser bióloga o ser astrónoma. Como me decidí por la biología, la astronomía la sigo de manera informal, digamos, como hobbie, pero te´rica solamente, pues aún no sé cómo manejar un telescopio... ya aprenderé.
Y finalmente, logré manejar esto del blogspot, aún no aprendo algunas cosas, pero creo que voy por buen camino.
Hasta pronto.